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La transformación del valor literario a raíz de la emergencia de la IA en la cultura digitalLa conferencia de Massimo Salgaro acerca de la autoría de la IA como agente creativo suscitó la reflexión que aquí se recoge.

En muchas ocasiones he visto la atribución de la palabra “vertiginoso” al proceso que estamos viviendo, atravesado por la descarada irrupción de la inteligencia artificial en cada sector de nuestra sociedad. Si bien estas tecnologías ya contaban con cierto recorrido, no ha sido hasta la segunda década del siglo que nos hemos preocupado por su faceta generativa. Hará unos años, parecía que la inocua imagen desdibujada y bizarra que generaban estos sistemas formaba parte de una moda pasajera con no muy buenos resultados. A día de hoy, la revolución de la IA desborda y salpica inevitablemente a las Humanidades, imbuyéndolas de un carácter digital que obliga a preguntarse, como hizo Massimo Salgaro en su conferencia From Canon to Click: Literary Evaluation in the Digital Culture, por el rol que adquiere en la literary evaluation. La revolución a veces es un huracán que se lleva todo por delante, pero otras empieza por un cambio sutil. Añadir una pieza que no estaba ahí y que lo cambia todo hasta el punto de que parezca imposible que la vida pudiese existir sin ella.

La charla de Salgaro comenzó con la introducción de su grupo de trabajo, heterogéneo e interdisciplinar, compuesto por biólogos, informáticos, artistas… Una suerte de enclave propicio para la literatura comparada del siglo XXI. Este enfoque es debido a la pertinencia de la interacción entre biología y cultura: nuestras creaciones culturales, religiones y leyes no dejan de ser producto de unas necesidades biológicas. Pero, ¿qué ocurre cuando la cultura, que emerge del ser humano, altera a su vez su percepción biológica? La pregunta se torna más incisiva cuando dichas representaciones culturales empiezan a  emanar ya no del ser humano con impulsos e intenciones, sino de una inteligencia artificial que carece de ellos. ¿Influye aquí la intencionalidad?

Con todas estas cuestiones, resulta lógico interesarse por el rol que toma la inteligencia artificial en el campo de la creación artística. A lo largo del curso hemos reflexionado acerca de la idea del plagio, del collage, de lo recuperado…, pero cuando esta práctica no es legitimada por un artista, cuando es promovida por los intereses de unas cuantas compañías que se inclinan por lo corporativo y capitalista, y toman sin pedir permiso de cuanto se encuentra en la red, es lógico que el ser humano experimente un rechazo hacia lo que cree generado por IA. Como dijo el controvertido Jesús G. Maestro, en sintonía con un pensamiento más o menos extendido: «hacer literatura mediante inteligencia artificial no consiste más que en jugar con operaciones lingüísticas que un determinado receptor considerará literarias en virtud de su ignorancia de lo que realmente es la literatura».

Tal y como demostró el experimento del equipo de Salgaro, existe un claro sesgo: ante un mismo texto, si se presentaba como escrito por un humano (Roald Dahl), recibía una valoración estética y literaria significativamente superior que si se atribuía a una IA. Este descubrimiento, replicado incluso al usar grandes modelos de lenguaje (LLMs) como sujetos de estudio por el que evaluaban textos, revela que la evaluación literaria está profundamente arraigada en la percepción de una conciencia creadora. No obstante, con el fin de comprender este fenómeno, Salgaro nos conminó a analizar primero la mutación del contexto: el campo literario.

Antes de la aparición de Internet, no había una comunicación directa entre autor y lectores y existía la figura del gatekeeper, aquellos que legitimaban la posición de una obra para formar parte del canon. Entre editores, editoriales, críticos y bibliotecas, canonizaban mediante ensayos y críticas académicas. Por tanto, había una estructura de mediación sólida: la formación canónica se producía mediante un lento proceso de sedimentación a través de un sesgo afectado por ideologías dominantes. Establecía una barrera de entrada que, al menos en la teoría, filtraba la calidad. Simone Murray describe este fenómeno con suma precisión al denominarlo desintermediación: en la cultura digital se puede publicar sin necesidad de pasar por los gatekeepers profesionales y tradicionales, lo que permite conectar directamente al autor con su audiencia potencial.

 En la era digital, el giro ha sido absoluto e indiscutible, tanto por la existencia de una multiplicidad de formatos y géneros como por el valor de los likes. El algoritmo se ha erigido como el nuevo gatekeeper, uno automatizado y programado, que impone la lógica cuantitativa. Como se comentó en la charla, somos seres comparativos por naturaleza y nuestro gusto —ahora medido mediante estrellas, «me gusta», contadores mensuales— genera un valor económico, social e inmediato. El caso de Rupi Kaur, citado por Salgaro, resulta ilustrativo para este hecho: tras publicar primero en Instagram y construir una comunidad de fans, dio el salto a la editorial tradicional, aun si dejó clara su preferencia por el juicio directo de sus lectores frente al de los gatekeepers tradicionales. Este fin de la cultura de élite, como lo denomina Salgaro, marca el auge del lay criticism: influencers y lectores que ejercen la crítica desde la inmediatez y la pertenencia a una comunidad frente a críticos profesionales que, desde la distancia y el temor a las reacciones de los fans, ve su influencia decrecer. Tal y como se recogió en la charla a partir de Thierry, las reseñas literarias clásicas han menguado en favor de la lectura social digital, un espacio donde se crean nodos y comunidades. Este tipo de hábitats resultan valiosos para el análisis cuantitativo y comprender, a través de él, las dinámicas de valoración. Ya nos lo advertía nuestro profesor de Crítica literaria: «la crítica cambia en cuanto cambia la naturaleza de los documentos literarios. Lo que nos afecta respecto de los cambios producidos son la idea de pensamiento débil y los cambios tecnológicos.» Con esto vemos que de la crítica lo que queda es la idea de la contingencia, por la que las cosas no son válidas en sí, sino temporalmente para una situación determinada, para una época determinada. El valor literario en la cultura digital ha cambiado y no lo estimarán de igual manera los gatekeepers clásicos —cuya preocupación por la definición de literatura es significativamente mayor a la de los nuevos gatekeepers— que los gatekeepers actuales.

Este cambio de paradigma encuentra un potente marco conceptual en los propios textos sobre cultura digital. Así, frente a la metáfora del árbol de un sistema jerárquico y centralizado —lo que encuentra ecos con el canon dictado por una élite—, surge el rizoma de Deleuze y Guattari (1972, 1980), estructuras descentralizadas que conectan puntos de manera dinámica. Esta idea se relaciona con las redes tecnológicas y con Internet y demuestra la fuerza de estos vínculos para forjar comunidades en línea:

El desarrollo de Internet y de la red como metáfora del ciberespacio descansa en la asunción del ciberespacio ante todo, como un espacio relacional que surge en la conexión: que nace como infraestructura para las interacciones sociales y las transacciones, un espacio flexible, virtual, expandible y reorganizable. (Sánchez Gómez, 2021, p.60)

En este modelo, el lector ya no es un consumidor pasivo; en su lugar, se convierte en un proconsumidor que comparte y valora las obras, participando activamente en la comunidad de escritura. La pregunta que se cierne en estos nuevos tiempos la formula Franzen (2021): «¿Quién tiene el poder de determinar qué es buena literatura?». La respuesta parece difusa a la luz de los últimos tiempos, pues ya no se dirime en las revistas especializadas. En cambio, como venimos diciendo, lo hace en la dinámica viva y cuantificable de las redes. Como sugería Susana Pajares Tosca (2003), el viejo hipertexto y sus problemas teóricos han muerto porque lo digital se ha vuelto ubicuo e invisible; de igual modo, la mediación algorítmica se ha naturalizado de tal manera que no se cuestiona.

Regresando a la cuestión de la inteligencia artificial, no perdemos de vista la importancia de la relación entre texto y lector. El experimento de Salgaro y su equipo jugaba con la idea del horizonte de expectativas como suma de comportamientos, conocimientos e ideas preconcebidas que encuentra una obra en el momento de su aparición y a merced de la cual es valorada. Se subraya de este modo que los juicios estéticos varían según las épocas y están condicionados por múltiples factores, algunos de ellos claramente extraliterarios. Con la autoría de la IA como agente “creativo”, el sistema de relaciones —que incluye valores histórico-sociales que inciden en la estructura de significación del texto— se muestra muy operativo para explicar el fenómeno que se percibió tras el experimento. 

La IA, al acudir a lo más común para generar sus textos, se mueve en el terreno de la previsibilidad estadística. Asimismo, la inteligencia artificial generativa comporta otros tantos aspectos negativos que, a la luz de la valoración, no pesan tanto como lo interesante de ella. El lector cuyo juicio se ha convertido en el nuevo eje de la literary evaluation —por medio del acto de valoración lingüístico (explicitar el que le gusta) o no lingüístico (comprar un ejemplar)— operacionaliza diferentes tipos de valor: cognitivo, práctico o hedonista, y determina de antemano el rechazo al texto «sin autor». La evaluación literaria no descansa solo en las propiedades formales del texto pues sigue profundamente arraigada en la percepción de una conciencia creadora.

Recupero, por tanto, una pregunta anterior que entronca con una idea que Philip Galanter ya abordaba al definir el arte generativo: ¿qué intencionalidad hay detrás de la obra? Resulta revelador que la definición misma de arte generativo «makes no claims as to why the art is made this way or what its content is» (Galanter, 2003, pág. 4). Es decir, describe el cómo pero deja en suspenso el por qué. Y es precisamente ese vacío de intencionalidad, esa ausencia de un sujeto creador al que atribuirle una experiencia, una emoción o una voluntad comunicativa, lo que el lector contemporáneo parece no estar dispuesto a aceptar. La inteligencia artificial es el perfecto pastiche que puede engañar a un ojo poco entrenado, pero su impacto en la creación artística es doble: se oculta ante el lector común y le «chirría» al lector crítico, y por otro lado, coarta a artistas humanos que no quieren ser confundidos con inteligencias artificiales. De esta suerte, la IA no solo cambia cómo leemos, sino cómo se escribe y se concibe el acto creativo. Ahora se asocian frases, signos y estructuras con el uso de este tipo de herramientas, lo que suscita una serie de preguntas: ¿es peor un texto generado por IA porque es de la IA, porque es menos rico y variado (al responder a la previsibilidad ya mentada)? ¿Hay propiedades estéticas que solo un humano puede imprimirle al texto? ¿O la calidad es una construcción relacional que no puede desvincularse de la autoría percibida?

Como cierre, me gustaría pensar que la transformación del valor literario a raíz de la emergencia de la IA llevará a los escritores a diferenciarse, a buscar nuevas formas de expresión de las que apropiarse —¡junto a una reapropiación de lo que ya se ha adueñado la IA!— y, a los lectores, a estos nuevos gatekeepers, a revalorizar el oficio.

Bibliografía

  • Galanter, P. (2003). What is generative art? Complexity theory as a context for art theory. En 6th Generative Art Conference (pp. 1–21). Generative Design Lab, Milan Polytechnic.

  • Jesús G. Maestro. (2023, 21 de julio). Límites y mentiras de la inteligencia artificial ante las exigencias de la literatura [Vídeo]. YouTube. Límites y mentiras de la inteligencia artificial ante las exigencias de la literatura

  • Pajares Tosca, S. (2003, enero). ¿Qué fue del hipertexto? Jamillan.com. http://jamillan.com/celtos.htm

  • Salgaro, M. (2026, abril 24). From canon to click: Literary evaluation in the digital culture [Conferencia]. Universidad Complutense de Madrid, Madrid, España.

  • Sánchez Gómez, L. (2021). Literatura electrónica en español: Planteamientos estéticos de la conectividad [Tesis doctoral, Universidad Complutense de Madrid]. Docta Complutense.

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